La industria de la carne, ante un cóctel explosivo: por qué Swift paró una planta y otras empresas frenan faenas


El frigorífico Swift anunció que paraliza por una semana su planta de Gobernador Gálvez, en Santa Fe, por lejos, la que más vacunos faena en el país. En un escueto comunicado, la empresa, perteneciente al grupo brasileño Minerva Foods, indicó que “a partir del martes 22 de agosto de 2023, y hasta el lunes 28 de agosto de 2023, le dará vacaciones al personal de su planta de Rosario”, y aclaró que la decisión “atiende exclusivamente a características del ciclo productivo del sector”. A la vez, indicó que hoy (jueves) “se ha reunido con el Gobierno ratificando su compromiso con el programa de Precios Justos, como lo ha hecho desde el comienzo del mismo”. La planta tiene unos 2.500 empleados.

Si bien el de Swift es el caso más llamativo porque es una empresa conocida y por la cantidad de animales que faena esta planta, no es el único: algunas de los mayores frigoríficos exportadores están estudiando hacer lo mismo, muchos ya tienen las faenas reducidas, y en algunos casos operan solo tres o cuatro días por semana, comprando lo mínimo indispensable para cumplir compromisos. 

Los resultados de esta retracción de la actividad seguramente quedarán expuestos cuando termine el mes y se conozcan los datos de faena de agosto, así como las exportaciones de agosto y de septiembre.

Un cóctel explosivo para la carne

La causa principal del parate es el precio al que se fue la hacienda. Es que, en las antípodas de lo que venía pasando en el primer semestre, en que el valor de los vacunos había quedado retrasado respecto de la inflación, ahora se disparó, y hasta la sobrepasó por lejos.

En la primera mitad del año, la sequía había provocado la salida anticipada de animales de los campos, ya que no se los podía retener por falta de pasturas y forrajes. La consecuencia fue que el primer semestre vio un nivel de faena inédito desde 2009, cuando las políticas ganaderas del secretario de Comercio Guillermo Moreno durante el primer gobierno de Cristina Kirchner, sumadas a otra sequía histórica, llevaron a una liquidación masiva de animales al punto que el rodeo bovino argentino se redujo en unos 12 millones de cabezas. 

Ahora empieza a verse la contracara del primer semestre, ya que los animales que se faenaron antes de tiempo faltan. A esta escasez física se sumó a fin de julio el “dólar maíz“, un tipo de cambio entonces más conveniente (pasó 287 a 340 pesos) para este cereal que es el insumo fundamental de las producciones de carnes, huevos y leche.

El valor de los vacunos se disparó y puso en crisis a la industria de la carne.

En el caso de la cadena bovina, el mayor impacto lo sufrieron los feedlots, que alimentan intensivamente a los animales con granos y pasaron a tener fuertes pérdidas. Pero el aumento de la hacienda que provocó puso a todos a rehacer números: los frigoríficos y matarifes de consumo interno empezaron a ver cuánto del incremento podían trasladar a las góndolas, mientras los exportadores empezaron a analizar cada mercado externo y a retirarse de aquellos en los que los números dejaban de cerrar. Incluso, algunas plantas comenzaron a reducir las faenas.

Fue en ese contexto complicadísimo que llegó la devaluación de 22% del peso argentino del lunes, tras las PASO, y revoleó el principal costo de los frigoríficos mucho más.

Novillos como reserva de valor tras el azote de la sequía

Novillos que estaban 600 o 650 pesos el kilo vivo, ahora pasaron a 900. Se entiende, los productores vienen de perder muchísimo con la sequía y se paran sobre los animales como reserva de valor. No es algo extraño, lo mismo pasa con los materiales de la construcción, con cualquier rubro. Yo calculo que en unos diez días las cosas se van a acomodar y veremos cómo quedan, y los resultados los veremos el próximo mes”, dijo un exportador con más de medio siglo en el negocio.

“Esto es en gran medida efecto dañino de la inflación. Y trae enojos inútiles dentro de la cadena, entre gente que está trabajando hace años. Es lógico: si alguien tiene un lote de novillos para cargar, lo carga hoy a $700 y mañana está a $750, se quiere matar; entonces, si puede, lo retiene. Hay desorientación“, dijo el dueño de otro frigorífico.

“Estoy medio en estado catatónico con todo este despelote, el mercado está todo desparramado, sin brújula”, dijo un consignatario de hacienda tradicional, rubro que oficia de nexo entre productores y frigoríficos. “Hay muy pocas operaciones, pasan algunos precios tentativos, no tengo ni idea de cuántos negocios se pueden estar haciendo. Todavía hay hacienda para cargar la semana que viene, en algunos casos los mismos productores han suspendido la carga. Otros dicen que cargan con precio abierto si tienen mucha confianza con el comprador”.

Las faenas se frenan debido al alto costo de los vacunos.

El recuerdo de los métodos de Guillermo Moreno

En medio de la revuelta de aumentos de hacienda y de la carne, el martes el Gobierno hizo una jugada que a muchos les recordó al antiguo secretario de Comercio: la Aduana les comunicó a los medios que cerraban las exportaciones de carne vacuna por 15 días, a la espera de un nuevo acuerdo de precios para el mercado interno con los frigoríficos exportadores. “Sin acuerdo, no habrá permisos de exportación”, indicó el comunicado, al tiempo que los verificadores del organismo abandonaron sus puestos. “Como un Moreno, pero fino”, describió un frigorífico la actitud del jefe de la Aduana, Guillermo Michel.

A la par, el secretario de Agricultura, Juan José Bahillo, dijo por Twitter que las exportaciones no estaban cerradas. Ambos funcionarios se reunieron por la tarde con Mario Ravettino, presidente de la mayor cámara de frigoríficos exportadores, ABC, para negociar el nuevo acuerdo de precios y de volumen de carne que entregan al mercado interno, a cambio de algunos beneficios que están estudiando, como impositivos. Y las exportaciones se retomaron, al menos por el momento.

Mañana o la semana próxima habría una nueva reunión por el acuerdo de precios, que de todos modos es una gota en el desierto. “Hasta ahora era de 15.000 toneladas, y aunque lo llevaran a 20.000 no mueve la aguja: se consumen entre 180.000 y 200.000 toneladas por mes. Y el Gobierno no lo hace para el Interior, sino para los lugares donde toma las referencias de precios”.

Fuente: iprofesional.com

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